Existen en el mercado una gran variedad de marcas y de tipos diferentes de ceras para depilar. Pero principalmente, distinguiremos dos grupos claramente diferenciados. La cera dura y la cera blanda o cera suave.

La cera blanda es la que más se conoce, y la que más personas utilizan para depilar la mayor parte de las zonas corporales. Se calienta a temperaturas elevadas, y se extiende utilizando un palito una espátula a lo largo de la superficie de la piel.

La cera dura, en cambio, es algo diferente a lo que estamos acostumbrados. Se trata de un producto mucho más grueso, que se aplica a temperaturas mucho más cercanas a las temperaturas corporales, unos 36º a 37° y cuya utilización se basa de manera específica en zonas sensibles de fácil irritación, donde no nos interesa aplicar demasiado calor, ni que la cera se quede pegada a la piel.

La cera dura tiene la característica de adherirse únicamente al pelo y no a la piel, por lo que es posible aplicar el tratamiento varias veces en la misma zona sin irritación.

A favor y en contra de la cera dura:

Es menos dolorosa que la cera blanda

La cera dura sólo puede aplicarse en pequeñas áreas, ya que cuanto más extiende tienen mayor riesgo de romperse. No resulta conveniente para depilar grandes superficies como por ejemplo las piernas.

No deja residuos pegajosos, tal y como ocurre con la cera blanda, y además resulta mucho más fácil de limpiar.

La cera dura es capaz de adherirse y agarrar los pelos más cortos, sin tener la necesidad de realizar un mismo tratamiento dos veces en la misma zona.

Estos beneficios, tienen un coste económico significativamente más caro.

Los poros y los folículos del vello se abren por acción del calor, permitiendo que su extracción sea mucho más sencilla.

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